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Disfruta de una ruta caribeña en Cartagena

Disfruta de una ruta caribeña en Cartagena
Cartagena de Indias es uno de esos destinos donde la motocicleta encaja de manera natural. El clima cálido, las distancias cortas y las carreteras que bordean el mar convierten cada recorrido en una experiencia sensorial. Aquí, rodar no es solo trasladarse, es formar parte del entorno.
El punto de partida suele ser el Centro Histórico, un recorrido urbano de aproximadamente 8 kilómetros, que puede tomarse entre 30 y 40 minutos, considerando el ritmo pausado que exigen sus calles empedradas. Circular entre murallas, plazas y balcones coloniales obliga a bajar la velocidad, pero recompensa con escenas únicas que invitan a detenerse, caminar y observar.
Al salir de la ciudad, la motocicleta encuentra su terreno ideal en la ruta Cartagena, La Boquilla, Manzanillo del Mar, siguiendo la Vía al Mar. Son cerca de 20 kilómetros, que se recorren en alrededor de 35 minutos, con asfalto en buen estado y una vista constante del Caribe. Es un trayecto perfecto para rodar temprano, sentir la brisa y llegar a playas tranquilas donde el tiempo parece detenerse.
Para quienes buscan una rodada más larga, el camino hacia Playa Blanca, en la Isla Barú, ofrece un recorrido de aproximadamente 45 kilómetros, con un tiempo estimado de 1 a 1 hora con 20 minutos. La carretera combina tramos abiertos y zonas naturales, ideal para disfrutar una conducción relajada. Al llegar, el contraste del azul intenso del mar y la arena blanca justifica cada kilómetro recorrido.
Otra experiencia imperdible es la ruta Cartagena, Santa Catalina, Galerazamba, con una distancia cercana a los 75 kilómetros y un tiempo aproximado de 2 horas. El destino final sorprende con las Salinas Rosadas de Galerazamba y el Volcán del Totumo, escenarios poco comunes que se han convertido en paradas obligadas para motociclistas que buscan algo diferente. El camino es mayormente plano, con tráfico moderado y paisajes abiertos que invitan a mantener un ritmo constante.
La gastronomía acompaña cada trayecto. En Cartagena, detener la moto para probar un pescado frito con arroz con coco, una arepa de huevo o un ceviche caribeño forma parte de la experiencia. Zonas como Getsemaní, La Boquilla y la Vía al Mar cuentan con espacios accesibles para estacionar y disfrutar sin complicaciones.
Más allá de las rutas, Cartagena se vive en rodadas al amanecer, recorridos nocturnos junto a la bahía iluminada, visitas al Castillo de San Felipe de Barajas y paradas espontáneas frente al mar. Es un destino que invita a rodar ligero, disfrutar el camino y entender que, en el Caribe colombiano, cada kilómetro tiene su propio ritmo.

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