Tras la Segunda Guerra Mundial, Piaggio atravesaba uno de los momentos más delicados de su historia. La compañía, que originalmente fabricaba material ferroviario y aeronáutico, había visto su infraestructura gravemente dañada por los bombardeos aliados. Con recursos limitados y la necesidad urgente de reinventarse, la nueva dirección encabezada por Armando y Enrico Piaggio apostó por un vehículo económico, funcional y accesible: el scooter que más tarde sería conocido mundialmente como Vespa.
El desarrollo inicial partió del prototipo MP5, que fue rediseñado por un ingeniero aeronáutico para mejorar ergonomía y arquitectura mecánica, trasladando el motor a la parte trasera y replanteando el chasis. El resultado fue una máquina compacta y eficiente que entró en producción en 1946, marcando el inicio de una nueva etapa para la empresa. Aunque su popularidad tardó algunos años en consolidarse, Piaggio impulsó su difusión internacional liberando patentes a fabricantes extranjeros, una decisión estratégica que ampliaría el alcance del modelo.
Entre esos acuerdos destacó el firmado con el fabricante francés ACMA, que desarrolló una variante con fines militares basada en la Vespa de 150 cc. En un contexto de reconstrucción europea, el ejército francés necesitaba un medio de transporte ligero que pudiera desplegarse rápidamente en terreno hostil. Así nació el proyecto conocido como 150 TAP, un scooter adaptado para paracaidistas capaz de transportar un lanzacohetes antitanque M20 de 75 mm.
El vehículo mantenía la sencillez mecánica del modelo civil —motor de dos tiempos y velocidad cercana a los 60 km/h— pero incorporaba soportes especiales para armamento y logística. Las unidades se desplegaban en pares: una transportaba el arma y otra la munición, permitiendo a los soldados operar tanto en movimiento como desde posiciones fijas mediante trípode. Entre 1956 y 1959 se fabricaron alrededor de 600 ejemplares, que posteriormente se emplearon en la guerra de Argelia.
Aunque hoy la “Vespa Bazooka” puede parecer una curiosidad histórica, su relevancia fue mayor de lo que sugiere su carácter singular. Representó la versatilidad del diseño original y evidenció cómo un vehículo concebido para la movilidad civil podía adaptarse a necesidades estratégicas. Para Piaggio, esta expansión internacional —junto con el crecimiento progresivo del scooter— contribuyó a estabilizar la empresa en un periodo crítico.
Con el paso del tiempo, la Vespa se consolidó como un símbolo de movilidad urbana y diseño italiano. Sin embargo, aquel capítulo militar recuerda que su historia también estuvo ligada a la supervivencia industrial de la marca y a la capacidad de reinventarse en uno de los contextos más complejos del siglo XX.




