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Conoce los “motódromos” que dieron origen a las competencias de MotoGP hace más de un siglo

Conoce los “motódromos” que dieron origen a las competencias de MotoGP hace más de un siglo

Hace más de un siglo, cuando el concepto de campeonato mundial ni siquiera existía, las competencias que hoy asociamos con el espectáculo de MotoGP se disputaban en escenarios muy distintos: enormes óvalos de madera conocidos como motódromos. Espacios tan espectaculares como peligrosos, donde la velocidad era una obsesión y el riesgo, parte inevitable del show.

Todo comenzó con una curiosidad histórica: una filmación de los años veinte realizada por Frantisek Marik, importador de motocicletas Indian en la entonces Checoslovaquia. Durante un viaje por Estados Unidos, documentó carreras celebradas en aquellas pistas ovaladas que parecían sacadas de otro mundo. Esa grabación es una ventana directa a una era donde el motociclismo todavía estaba escribiendo sus primeras páginas.

De los velódromos ciclistas al imperio del motor

El origen de estos escenarios se encuentra en los velódromos, diseñados inicialmente para competencias de ciclismo. Su trazado ovalado y las curvas peraltadas permitían mantener altas velocidades sin perder inercia. Con la llegada de las primeras motocicletas —básicamente motores acoplados a cuadros de bicicleta— comenzaron a utilizarse como apoyo para marcar el ritmo de los ciclistas.

Pero el público pronto dejó claro qué era lo que realmente quería: más ruido, más potencia y más espectáculo. Así, las máquinas motorizadas dejaron de ser asistentes para convertirse en protagonistas. El siguiente paso fue lógico: construir recintos pensados exclusivamente para ellas. Nacían los motódromos.

Indian y el auge de los óvalos de madera

Entre las marcas que entendieron el potencial de estas competencias destacó Indian Motorcycle. Fundada por George M. Hendee y C. Oscar Hedstrom, la firma desarrolló en 1908 sus primeras motocicletas de competición, incluyendo versiones monocilíndricas y bicilíndricas conocidas como “Torpedo Tank” por la forma de su depósito.

La apuesta fue tan seria que en 1909 construyeron su propio estadio en Springfield para probar sus modelos antes de lanzarlos a competir. Una estrategia adelantada a su tiempo, similar a la que décadas después adoptarían grandes fabricantes en circuitos de desarrollo propios.

El responsable de levantar muchos de estos recintos fue el escocés Jack Prince, excampeón de ciclismo, quien perfeccionó la técnica de construcción de estas pistas. El primer motódromo diseñado exclusivamente para motocicletas abrió el 14 de marzo de 1909 en Playa del Rey, cerca de lo que hoy es el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.

La pista medía 1.25 millas y estaba fabricada completamente en madera: estructura, tribunas y superficie de rodadura. Las curvas solían tener inclinaciones de entre 30 y 35 grados, aunque en St. Louis se atrevieron con un peralte de 62 grados, una cifra impresionante incluso bajo estándares actuales.

Gloria, rivalidad y peligro

El dominio inicial de Indian fue contundente, pero en 1911 la competencia se intensificó con la llegada de Excelsior Motor Manufacturing & Supply Company y sus nuevas motocicletas bicilíndricas con sistema pocket-valve. La lucha por ser el más rápido se volvió feroz.

Sin embargo, el espectáculo tenía un costo. Las superficies de madera, las altas velocidades y la limitada protección para pilotos y espectadores convirtieron a los motódromos en escenarios tan fascinantes como mortales. Cada carrera combinaba innovación mecánica, ambición empresarial y una buena dosis de temeridad.

Hoy, más de cien años después, algunos de aquellos recintos aún resisten como testigos de una época donde la tecnología apenas comenzaba a explorar sus límites y donde la pasión por la velocidad se construyó literalmente sobre tablones de madera.

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