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Yamaha patenta un basculante de geometría variable que podría cambiar las reglas del chasis

Yamaha patenta un basculante de geometría variable que podría cambiar las reglas del chasis

En un mundo donde muchas piezas de la motocicleta han evolucionado a base de pequeños ajustes, hay componentes que parecían intocables. El basculante es uno de ellos. Sin embargo, Yamaha acaba de registrar una patente que, en papel, propone una auténtica revolución: un basculante capaz de cambiar su geometría en movimiento, dependiendo de si la moto acelera, frena o está inclinada en curva.

La propuesta no se limita a un simple ajuste de altura ni a un sistema convencional. Se trata de un basculante dividido en dos secciones, unidas mediante una bisagra interna y asistidas por un tirante hidráulico integrado en el propio conjunto. A través de este mecanismo, el sistema puede modificar la posición relativa de la rueda trasera sin necesidad de comprimir el amortiguador, alterando en tiempo real la geometría efectiva del tren posterior.

A primera vista, el concepto recuerda a los conocidos “ride height devices” que marcaron una era reciente en MotoGP. No obstante, aquí el planteamiento va mucho más lejos. No se trata únicamente de bajar o subir la moto para optimizar la aceleración, sino de transformar el comportamiento estructural del basculante. La intención es separar dos necesidades que históricamente han estado enfrentadas: máxima tracción al abrir gas y mejor respuesta lateral y agarre en plena curva.

Lo más llamativo es que la propia patente deja claro que este desarrollo no está pensado para la máxima categoría del motociclismo. El sistema descrito incorpora sensores y un actuador motorizado que decide cómo debe reaccionar la geometría según las fuerzas que actúan sobre la suspensión trasera. Ese enfoque lo coloca fuera del reglamento actual y futuro de MotoGP, donde los sistemas activos están prohibidos. Incluso el esquema incluido en la documentación muestra una deportiva con matrícula, basada en la Yamaha YZF-R1, lo que sugiere un enfoque más cercano a una moto de calle que a una de competencia.

Sin embargo, tampoco hay indicios claros de que esta tecnología esté destinada a producción. La patente no menciona procesos de homologación, costos, ni viabilidad comercial. De hecho, el propio documento reconoce que el sistema podría no llegar nunca ni a las pistas ni a la línea de ensamblaje. Su valor radica, más bien, en el conocimiento técnico que puede generar.

La lectura es contundente: no estamos ante el anuncio de una futura Yamaha revolucionaria ni frente a un adelanto directo para MotoGP. Se trata de un banco de pruebas conceptual, una exploración técnica para entender hasta dónde puede estirarse la geometría del chasis y qué ventajas podrían surgir al desacoplar funciones que siempre han trabajado en conjunto. Por ahora, lo que queda claro es que Yamaha está experimentando con una visión a futuro.

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